
Avisado por nuestra querida Trini, porque ella es un poco de todos nosotros, los tomareños, estuve en el precioso colofón del Taller de Poemas, organizado por el Ayuntamiento de Tomares.
Allí, bajo una linda arcada de siglos, se escucharon voces blancas, entonando bellas canciones de la Escolania Municipal y, en aquel atardecer mágico, las voces de los poetas que han estado haciendo el curso, además de dos de las mejores poetisas y declamadoras de Tomares, María y Trini, Trini y María, que tanto monta, monta tanto...
El patio en el que se celebró el acto es un patio de ensueño, frente a la cancela de entrada, de hierro forjado por antiguos herreros, se eleva una preciosa arquería de capiteles dóricos que forman un pasillo porticado, y rematado por un zócalo de azulejos trianeros, hechos por manos artesanas, para darle aún más, si es posible, belleza al escenario...
Una fuente en medio del patio y una buganvillas que asomaban a la derecha de la reja de entrada hacían de aquel espacio un lugar de sueños.
La torre del Ayuntamiento sostenía los últimos rayos de sol, que no querían marchar para escuchar a los poemas tomareños. Se hacían los remolones, hasta que las sombras se pusieron serias y el sol, con desgana, dejo de dorar la torre...
Sin desmerecer a los alumnos poetas que declamaron con un gran sentido del ritmo y del sentimiento, destacaron, por su experiencia y su buen hacer Trini y María.
Unos poemas, llenos de pensamientos, nacidos del alma, llevaron las palabras, mecidas por la brisa escapada del Atlántico por toda la cornisa del Aljarafe, hasta perderse por las lomas de Carmona, allá en el horizonte, al otro lado de Sevilla.
Fue una tarde de gozo para el espíritu...
Volvi a mi casa pensando en la suerte que tengo de haber nacido en un pueblo de poetas...
Espero vivir otras tardes noches como la que viví aquel dieciséis de junio del año nueve de nuestro siglo.
María y Trini, Trini y Maria, os espero.
Juan Caro.
