Así me sucedió el miércoles pasado.
“Me he levantado con cuerpo de Domingo de Ramos”, le dije a mi compañero Rogelio, cuando ultimábamos los detalles para el evento de la tarde poética y literaria que luego vivimos y gozamos.
Pasada la media noche, de vuelta a mis sábanas, todas las emociones vividas restallaban en mis venas, tanto ruido hacían, que el sueño me rehuía como mariposas a la ventisca. La emoción de ver concretada una ilusión, la satisfacción del trabajo bien hecho, los parabienes, el reencuentro con amigos, la exaltación del ego – tan indomable-, la gratitud a la vida por haberme dado a probar el néctar de la poesía, algo inimaginable unos años antes, cuando quizá mi existencia estaba más viva...
Sí, amigos, todos los minutos del día se confabularon para que, este miércoles, 24 de febrero, se vistiera, al menos para mí espíritu, con traje de domingo.
Trini Reina



















