miércoles 28 de abril de 2010

Treinta auroras

Autora de la pintura: Isabel Navarro Verdú http://isabelnavarro-isabel.blogspot.com/


Por la alameda, abril cabalga.
El horizonte senda le hace.

Lleva a la grupa treinta auroras,
lleva caracoles en el talle,
lleva alguna pena encendida,
y la luz apagada de un romance.
Lleva primaveras en las crines,
lleva al sol en los volantes,
lleva corolas en el vientre,
y diluvios en la sangre.
Lleva hogueras en las pupilas;
lleva la incógnita y el desenlace.

Abril sin demora cabalga
por las alamedas del almanaque.

©Trini Reina
Abril 2010
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lunes 26 de abril de 2010

Avenate XIV


Quizás, algún día, ellos lean mis poemas.
Ya me habré ido por los caracoles del aire...

Desdoblarán la profunda galería que, a versos, concibió mi alma, y noción tendrán del extraordinario universo que enfilé todos estos años, en que ellos llevaban las manos pobladas de errores, o rebosantes de complacencias.

Quizá yo, desde tan lejos como me traslade la muerte, los mire alguna tarde y con amargura vea como aquellos sentimientos impregnan sus ojos. Y puede que, con un pañuelo de nubes, sin que casi me perciban —tal cuando vivía— les enjugue las póstumas lágrimas.

Aunque más probable será que mis poemas languidezcan —de polvo y abandono— sobre la estantería, donde con elevado júbilo interior, los recopilé . O, que en un distanciar, para que no duela, acaben arrojados al contenedor azul de la avenida.

©Trini Reina
Abril 2010
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sábado 24 de abril de 2010

Parvedad 19

Pagado de sí mismo, ostenta un discurso que certifica irrefutable. Ella, serenamente, le rebate cada punto. Y a él se le desploman comas y sonrisa.

Trini Reina
Abril 2010

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viernes 23 de abril de 2010

Parvedad 18

Sobre las hojas
se columpian las gotas
que la lluvia olvida.

©Trini Reina
Abril 2010

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miércoles 21 de abril de 2010

Tarde de Abril


Un capote de nubes enluta la tarde, tan azulada minutos antes. Aún no llueve, pero ya clamorean los truenos en la lejanía. Algunos niños vocean en el soportal, disputándose la pelota, emulando a sus jugadores favoritos. En casa duermen una siesta pasada de hora y el vecino de abajo escandalosamente estornuda. El tráfico disciplina al asfalto, recién restaurado, y el viento goza soliviantando ramas de árboles, autóctonos y exóticos, del jardín frente a la ventana. Asomada a ella, observo a los gorriones, que caminan a saltitos, picoteando algunas migas de pan que les arroja la viuda de la buhardilla. El espíritu se confabula con el entorno y un deja vu me traslada a un escenario enmarañado a los caireles de la memoria.
Tarde de abril. Desde mi atalaya la calle es platea donde desfilan, irrepetibles, los instantes de la vida.

©Trini Reina
Abril 2010
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lunes 19 de abril de 2010

Ardía el silencio...


Ardía el silencio en las afueras
y, con un tronar ambicioso,
el interior la estremecía.
Sobre el velador de la esquina,
las gafas -luna y carey-
reposaban su esqueleto.
Entre sus manos,
el papel, de blancura adolecía:
el alma negaba tinta
al desasosiego.

Un gato cruzó el alféizar de la ventana
y los cristales se impregnaron de sombras.
Sobresaltada,
asida al aire,
levantó sus faldas
y girando salió de la estancia,
dejando abandonados y a oscuras,
papel y abatimiento.

En la calle,
la lluvia regaba de aromas
las fronteras.

©Trini Reina
Abril 2010

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sábado 17 de abril de 2010

Para Luna, mi mejor amiga. Por Antonio Lozano Herrera


Gracias Luna, por convertir mis ratos de soledad en algo ameno. Sé que me comprendes, cuando te hablo de este mundo tan absurdo, de mi indignación hacia algunas injusticias, de cuando me siento triste y abatido.
Sabes cuándo sufro, porque has visto mis lágrimas, y cuando soy feliz, porque también conoces mi sonrisa. Me encanta pasar mi mano por tu suave pelo, eres como un enorme peluche negro azabache.
Desconoces el rencor, porque cuando te castigo, en ocasiones sin motivo, pronto corres a mi encuentro, a lamerme y pedir perdón.
Me duele en el alma, verte pasar las noches de invierno a la intemperie, y acurrucarte para soportar el frío en tu diminuta caseta, o mirando tras los cristales del gélido patio, a la familia reunida junto al calor de la chimenea. Aunque no entiendes la razón, nunca te enfadas, y a la mañana siguiente, aun con los huesos entumecidos por el rocío, me recibes con saltos de alegría, cuando voy a darte los buenos días.
Disfruto viéndote corretear en el parque, junto a tus amigos los niños, o tras una pelota. Los chiquillos de “las Cuatro Esquinas”, se alegran a diario al verte pasear, y salen a tu encuentro para saludarte, gritando ¡Luna, Luna!. Javier, Horacio, Lola, Emilio…se acercan a ti sin temor, porque conocen tu bondad, tu inocencia, te regalan chucherías, y te acarician el lomo, sabiendo que te gusta ser mimada y querida. Te has ganado con tu nobleza, el cariño y la simpatía de los pequeños de todo un pueblo, Tomares.
¡Qué poco necesitas para ser feliz! Solo un poco de comida y agua, alguna caricia aislada, y un pequeño paseo. ¡Qué diferencia con los humanos!
Eres inteligente, y sabes que aunque la correa la lleve yo, en el fondo, siempre vamos a donde tu deseas.
Ignoras lo que es la maldad, y el odio, lo sé, porque cuando te hablo de esas cosas, me miras con ojos de incomprensión. Y entonces soy yo el que te envidio.
¡Gracias Luna, por ser mi fiel y leal amiga!

Antonio Lozano Herrera
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miércoles 14 de abril de 2010

Entelequia XV


El humo traza siluetas
y las deja abandonadas
en las capiteles de la estancia.

Un aroma a lejanía
ocupa los rincones
de esta tarde asperjada
de nubes y miseria.

Las letras impronunciables
de un nombre
cruzan el puente del silencio
y se suicidan
en los charcos de la ausencia.

©Trini Reina
Abril 2010
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lunes 12 de abril de 2010

Vehemencia XX (Ejercicio 17)


La lluvia desasosiega al silencio que me abate
y tú, con capital efervescencia,
otorgas melodía a mi condena.
El verde horizonte se refugia en mi pupila
y en las tuyas,
el mar cabriolea sus añiles.
Eres alondra que se posa en mi pecho
de amor ungido,
esencia inabarcable,
que conmueve hasta la delicadeza.
Jazmines humedecidos
trasminan mis manos de blanco y aromas.
El paisaje es un venero fragante
que al delirio nos incita.
La sal del deseo se evapora de dos cuerpos
y se torna
pan festivo entre los labios.

©Trini Reina
Abril 2010

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jueves 8 de abril de 2010

Contrautopía


Horas...
Horas que se precipitan
en el calendario que transitamos.
Cada página…
un vértigo, un trance, una duda.
El tiempo quiebra
la premura del grito
y se tornan amarillas
las líneas de la piel
surcada de vigilias.

Horas
como lanzas que traspasan
el cuero leve de la utopía.

©Trini Reina
Abril 2010

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martes 6 de abril de 2010

Apareció un domingo... (Ejercicio 16)

Autor de la fotografía: Goathemala


Apareció un domingo
en el que la primavera emulaba
los agudos del verano.

Era de alto porte y bajura en la mirada.
Severo, como noche de difuntos,
oscuro de libertades,
y ávido postulante a las pasiones
que suponía en otros.

No era proclive a la sonrisa,
acaso recelaba en desnudarse,
o, en el fondo,
consciente era de que lo afeaba.

Nos aturdía su envés cobarde
y la afilada indiferencia que,
como ser, lo empequeñecía.
Y llegamos a creer
que tenía por alma
un arsenal de nieve a copos.

De voluntad inquebrantable,
afirmaba, nada lo esclavizaba:
-ni nicotina, ni licores espiritosos,
ni hembra arrebatada-.

Un día, galopaba marzo,
parece ser que susurró al cielo su marcha;
pero el aire agasajaba al paraíso,
y vacantes quedaron las campanas.
Nadie reparó en él cuando huía
hacia la frigidez de donde llegara.

Poco perduró su estela
en las clarividencias y en las entrañas
y tampoco se inmutaron,
en su ausencia,
las entretelas de las arañas.

©Trini Reina
Abril 2010
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domingo 4 de abril de 2010

Hayku 20

Muere la tarde.
Germinan los cerezos
encandilados.

©Trini Reina
Noviembre 2009
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jueves 1 de abril de 2010

Tan poquita cosa

Poquita cosa soy
en los contornos de tu mundo:
una gota diluida en la corriente,
que tu río absorbe en un segundo:
una huella transparente,
el aura que macula un espejo.

Poco soy:
un pétalo huérfano de flores
en tu jardín inmenso...
que se deshace sin núcleo,
zarandeado por el viento.

Poquita cosa soy:
estrella leve de fulgor,
cara oculta de luna,
el silencio que ciñe
las cuerdas de una guitarra,
un corazón que no admite
melodías de lágrimas
y al alma redime de morir
en pantanos de salitre.

Poquita cosa soy
en los aledaños de tu feudo:
un beso enmarañado
que transporta la brisa
y nadie recibe, pues nadie espera.

Sólo soy
una libélula en invierno,
añorando la primavera.

©Trini Reina
13 de junio 2005
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