La soledad se enseñorea sobre la avenida y sus murallas. Las hojas no osan bailar en los árboles ni hay pájaros que, a estas horas, sobrevuelen las almenas. Apenas hay almas que se atrevan a transitar las aceras; las que por necesidad lo hacen, saltan de sombra a sombra, refugiándose incluso en la estilizada sombra de farolas y semáforos, esquivando así el castigo de este verano que cae a plomo sobre el asfalto.Acabo el café y camino a prisa hacía donde no hay huída y regreso al falso frío, a los inacabables pasillos del paisaje que, a fuerza de jornadas, se me ha metido piel adentro, rompiendo la serena rutina donde yo, feliz, sin añoranzas de paraíso, moraba.
Ya en sus estertores, este julio sin fechas me da un respiro y tomo las llaves de libertad y sin creérmelo aún, llego a mi casa y de nuevo abro sus puertas...
©Trini Reina
31 de Julio 2020
Desde mediados de junio mi casa ha sido un hospital. Mi marido fue intervenido de dos válvulas cardiacas y, lo que en un principio era cosa de dos- tres semanas, debido a varias complicaciones, se ha convertido en casi siete.
A eso de las cinco de la tarde solía salir a tomarme un café, fuera del recinto hospitalario, y dejaba atrás el falso frío del aire acondicionado para encontrarme con el verano en todo su apogeo.
Este texto es lo único que he escrito en todos esos largos días...
Por el momento todo marcha bien y espero retomar mis blogs y, sobre todo, reencontrarme con la poesía, confieso que, un mucho, abandonada en este tiempo.